NUESTRA APARENTE RENDICION

Releo una entrevista muy inicial que le hice a Marisela Ortiz y a Alfredo Limas, cuando “eso” venía arreciando. Era un martes y Ciudad Juárez atardecía en el bullicio de sus calles y las luces inequívocas que provoca la puesta del sol en el desierto. Era apenas el 2002, aunque las mujeres asesinadas Juárez ya presagiaban la catástrofe o el “tiempo malo” (como llamó en otra entrevista la madre de Israel Arzate, el joven que fue culpado –injstamente- de la masacre de jóvenes en Villas de Salvarcar, al periodo de la aceleración de la violencia en la ciudad), ya se anunciaba, el país estaba como dormido, jugando al escondite y a la negación: allá eso sucede, no aquí; no pasa nada, no se meten con la gente. Nuestras Hijas de Regreso a Casa, fueron el primer indicio con que topé en mis andanzas como etnógrafa del miedo y las violencias, de que algo no andaba nada bien pero que en medio de lo que ya se percibía como una catástrofe, había una respuesta colectiva, una búsqueda de ser con otras y con otros, de tejer lazos, relaciones, acompañarse en la perplejidad dolida de la muerte brutal y absurda que empezó a caminar el país de norte a sur, de sur a norte, manchando nuestro mapa de lágrimas que se tiñen de rojo y de sangre que se lava con las lágrimas.

En aquella entrevista Marisela dijo: no tenemos miedo porque no tenemos nada que perder, nos han arrebatado todo y somos muchos. Entre aquella conversación y el cuarto aniversario de Nuestra Aparente Rendición, que se cumple este 27 de agosto en un 2014 plagado de preguntas sin respuestas, de madres sin sus hijos, de hermanas sin esposos, de amigos sin su amiga, de maestros sin su alumna, de alumna sin hermano, hay una sola, solamente una cosa que celebrar: lo colectivo que hemos sabido construir, con todo en contra y casi nada a favor.

Y eso es NAR, un espacio colectivo de personas, mujeres y hombres, singulares, distintos pero articulados por una misma voluntad –férrea, indomable-, de hacer ver, de hacer sentir, de construir un espacio que al hablar de la tragedia de otras y de otros, habla en realidad de nuestra propia vida, de nuestra más íntima biografía. No se trata tanto del #NoEstánSolos de los zapatistas –que sigue siendo maravilloso y articulador-  sino más de una inscripción que busca, quiere, trata de activar, todos los días, la memoria; de mostrar que es imposible el abismo de la indiferencia, de construir lazos, puentes, relaciones que nos acerquen más y mejor a esa tragedia que llamamos México.

Por qué estás en NAR, sería una pregunta que admitiría una sola respuesta porque creo en lo colectivo; en las voluntades, cabezas, capacidades, dolores y esperanzas que juntas caminan, vuelan, se hacen poema, video, testimonio, palabra cruda, mapa, estadística, mensaje, guiño. Porque creo que siendo tercas, las personas que optamos por la palabra y el amor, terminaremos por vencer a los señores oscuros. Y, sí. Cuando pensaba en la conmemoración de los 4 años de NAR y en los miedos, en las angustias, en el terror que a veces nos ataca a esta cofradía maravillosa, recordé, otra vez, las lecciones de las madres y padres de Ciudad Juárez, de las y los activistas que han dejado la vida por perseguir la vida: Sí, como dijo Marisela Ortíz: No tenemos miedo, somos muchos.

Y justo cuando armaba estas ideas, estos jóvenes que han dado otro giro al activismo en México postearon este video: Yo Disiento. Sí, disiento.

http://vimeo.com/101678076

No tenemos miedo, porque somos muchas y muchos y tenemos tanto por ganar.

 

 

 

Vídeo relacionado

DISENTIMIENTOS. from osvaldo montaño on Vimeo.

Informe CIMAC sobre mujeres periodistas

Publicado en Marco Lara Klahr

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Es explicable que la agenda pública nos avasalle con su marcha vertiginosa y la agenda mediática industrial —su deformador espejo— vaya siempre detrás suyo, persiguiéndola atropellada, torpemente, procesándolo todo en la misma turbina noticiosa —Grupo Imagen Multimedia así le llama a la mesa editorial centralizada: «turbina»—, maquilando sus precarizados periodistas temas fundamentales y coyunturales por igual, como si las realidades y procesos sociales fueran homogéneos, grises, planos, deleznables.

Pero nada justifica que dejemos pasar asuntos que, como gremio profesional de los periodistas, nos atañen y exigen una parada, pues sin reflexión, debate y nuevas ideas no hay cambio ni mejoramiento.

Uno de tales asuntos es la aparición [agosto, 2014] del informe «Impunidad. Violencia contra mujeres periodistas», publicado por la agencia CIMAC y coordinado por Yunhuen Rangel y Fabiola González, bajo el auspicio de la Fundación Heinrich Böll.

Con un carácter técnico, este diagnóstico de 135 páginas revela con toda precisión la manera como el machismo y sexismo estructurales entre la sociedad se reproducen impecablemente en la ineptitud del Estado mexicano para garantizar los derechos humanos de nuestras colegas periodistas a la libre expresión y el debido proceso.

Hace un lustro, en Redacciones en conflicto. El periodismo y la democratización en México [M. A. Porrúa, 2009], por ejemplo, Sallie Hughes aportaba ya suficientes y alarmantes evidencias cuantitativas y cualitativas del machismo en las redacciones de noticias, tanto en la estructura de la institución mediática, como en el tratamiento editorial.

El Informe de CIMAC demuestra que aquel estado de cosas se ha agravado y la impartición de justicia con perspectiva de género no solo sigue siendo inexistente dentro del sistema de justicia, sino que los medios y —tácitamente— el grueso de los y las periodistas le somos enteramente funcional.

«Impunidad. Violencia contra mujeres periodistas» revisa los casos específicos de Lydia Cacho, perseguida por su activismo feminista y en favor de los derechos humanos de las y los niñas, y contra redes de pederastia; Ana Lilia Pérez, víctima de acoso y exilio por su trabajo periodístico investigativo; Regina Martínez, víctima de feminicidio en Veracruz; y la agencia CIMAC misma, en virtud del robo y allanamiento que ha padecido.

A partir de ellos, identifica la investigación, va apareciendo el entramado autoritario-machista que conforman los actores técnicos y políticos del sistema de justicia penal, los mecanismos de protección a periodistas, los medios noticiosos industriales y, implícitamente, el gremio periodístico, y construye, propicia, refuerza e incentiva un orden misógino, uno de cuyos caldos de cultivo más empoderados son las redes sociales virtuales —expresión de la ideología social predominante.

El maestro Johan Galtung me dijo hace algunos años: «Tenemos una prensa hecha para hombres, muy hormonizada». El Informe CIMAC exhibe que las estructuras del Estado siguen «hormonizadas», sin que importen el protagonismo femenino en posiciones clave de los poderes público, político y mediático; ordenamientos como la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, ni recomendaciones específicas de Naciones Unidas y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Al final, la impunidad: no hay para las mujeres periodistas —como no lo hay para el resto de este grupo social mayoritario— ni libertad de expresión plena, ni derechos a la procuración de justicia, justicia pronta y expedita, a la no tortura, la no discriminación y a no ser sometidas a tratos crueles, inhumanos y degradantes, un juicio justo, la reparación del daño y la verdad —y a la vida, en el caso de Regina Martínez.

«Es obvio, ¿por qué tendría que haber justicia para las mujeres periodistas, si no lo hay para el resto de las mujeres ni de la sociedad?», es uno de los argumentos que más he escuchado entre hombres y mujeres por igual, incluso periodistas.

Mi respuesta: a) Al no garantizarse sus derechos humanos a un o una periodista se afecta mucho más que a la persona —grave de suyo—, se afecta al colectivo; b) en la institución mediática básicamente se reproduce el orden machista, sexista y misógino, y hay que combatirlo; y c) los periodistas tenemos una responsabilidad gremial, sin duda.

El Informe CIMAC nos interpela: especialmente en los casos de Lydia Cacho y Regina Martínez refiere cómo ellas han sido víctimas de quienes ejercieron en su contra violencia directa, pero asimismo del linchamiento mediático, en cuya consumación participaron miembros de nuestro gremio.

Ante el Informe CIMAC, en la parte que nos toca, ¿responderemos como amerita o volveremos a parapetamos en la idea impune de que los periodistas no tenemos por qué rendir cuentas a nadie, porque rendir cuentas afecta nuestra independencia? O tal vez es solo cosa de esperar a que el asunto sea devorado por la turbina.

 

Tuit

No se pierdan «Defensoría pública», en El Observador: Jueves 28, 23:30h, Canal 22.

 

marcolaraklahr.mx

Consulta popular

Sigue que el IEDF establezca la Orden don Cuauhtémoc Gutiérrez y la entregue en sesión solemne a Mauricio Toledo. 

 

Andrés Manuel López Obrador y Morena yerran al ignorar al grupo de ciudadanos que les solicitaron fusionar su consulta con la del PRD.

Pese a nuestra “bondad” fuimos ignorados. Había pasado el mediodía del 21 de agosto y Elena Poniatowska y Miguel Concha, entre otros, presentaron en público una petición firmada por más de 200 ciudadanos –me incluyo–, para solicitar a Morena y al PRD unir sus consultas sobre la energía que, de superar las pruebas, se realizarán en la jornada electoral de julio de 2015.

Cuatro horas después Andrés Manuel aprovechó un mitin en el Estado de México para calificar a los “abajo firmantes” de “gente honesta y buena” a la que, sin embargo, iba a ignorar porque él y los suyos “no irán con el PRD en la consulta ciudadana” porque no le tiene confianza a quienes alguna vez fueron sus compañeros. Por su parte, el presidente del PRD, Jesús Zambrano, se mostró dispuesto a discutir las condiciones de la fusión.

La brutal aritmética. Para que una consulta popular sea vinculatoria, necesita recibir el voto de ¡cuarenta por ciento de los ciudadanos inscritos en la lista nominal de electores! Esto significa que la respalden en las urnas 32 millones de personas. La cifra es descomunal si se toma en cuenta que: a) en la elección intermedia de 2009 (la de 2015 también lo será) votaron 34.5 millones; y b) que según la última encuesta de Reforma la intención de voto por todos los partidos de izquierda (incluido Morena) no supera los once millones de ciudadanos y ciudadanas.

            Dos consultas son el equivalente a una muerte programada. Para obtener a los 21 millones de personas faltantes se requeriría el respaldo de los independientes y de los panistas y priistas inconformes con la reforma energética. La situación se complica por la decisión del PAN de superar su imagen jacarandosa promoviendo una consulta popular sobre el salario mínimo y la mañosa decisión del PRI de lanzar una consulta para reducir el número de plurinominales (¿entre los diputados que se irán incluirán a la telebancada?).

¿“El cambio verdadero”? Morena empieza mal su vida como partido. Nos prometen ser diferentes al PRD, pero la manera como desecharon la propuesta es muy parecida a la exclusión sistemática que hace el PRD capitalino de los vecinos inconformes con la corrupción urbanística en la ciudad de México.

Los 200 firmantes de la carta somos numéricamente insignificantes pero representamos la diversidad. Tanto que hasta integrantes de Morena forman parte de la lista (entre ellos Bernardo Bátiz, Laura Itzel Castillo y Víctor Quintana). Se agradece que Andrés Manuel y Martí Batres nos consideren “gente honesta y buena”, pero ofende el paternalismo subyacente. Lo mínimo era una respuesta escrita razonando sus argumentos (quienes estén interesados en la carta y la lista de nombres pueden consultarlos en mi página de Internet).

Una vía para superar la desconfianza.  Todos sabemos que el PRD y Morena se aborrecen y están enzarzados en una lucha fratricida para demostrar quién es el abanderado auténtico de las izquierdas sociales. Firmamos la carta sabiendo que López Obrador y Morena no le tienen confianza al PRD. Lo hicimos para darle viabilidad a dos consultas nacidas para perder.

Una forma de lograr la unión de las consultas es entregando su conducción y promoción a la ciudadanía. En otras palabras, los partidos de izquierda deberían transferir la consulta popular a un comité de ciudadanos independientes que inspiren confianza a ambos. Los partidos podrían concentrarse en competir por el voto enarbolando sus programas y placeando a sus líderes y candidatos. Sería también una forma para que Ricardo Monreal encuentre destino a esos 15 millones de pesos que su partido rechaza y que estaban destinados a compensar a los diputados por la aprobación de la reforma energética.

Ignoro lo que decidirán pero sería útil que en sus consideraciones recuerden su alejamiento de una parte del electorado de izquierda. Hay un porcentaje indefinido de votantes, del cual me siento parte, que estamos hartos de partidos ineficientes y tolerantes de la corrupción, de dirigencias siempre dispuestas a la riña interna y a esos llamados a batallas testimoniales que desembocan generalmente en derrotas. La confianza se la ganarán haciendo popular la consulta sobre la energía que, en el último de los casos, corresponde a la ciudadanía.

 

 

 

Telmo y San Fernando

Publicado en ALEJANDRO ALMAZÁN

 

 

 

Hace justo cuatro años, cuando 72 migrantes fueron asesinados en San Fernando, varios colegas recibimos un mail de la periodista Alma Guillermoprieto: nos confesaba que la noticia le dolía y le avergonzaba, y nos sugería abrazar a cada uno de los migrantes muertos y contar su vida. Merecían un altar. De aquella idea de Alma surgieron la página web www.72migrantes.com y un libro, gracias a la solidaridad de Almadia; la UNAM grabó cápsulas de radio y Periodista de a Pie aún publica un periódico para migrantes (se llama En el camino).

Es muy probable que esta iniciativa no se compare con lo que a diario hace gente como Alejandro Solalinde, Fray Tomás, Raúl Vera, Prisciliano Peraza, las Matronas, Rubén Figueroa… y algunas buenas personas más que saben que ser migrante no es delito. Pero sí creo que 72migrantes.com fue un grito de escritores y reporteros que estamos hartos, indignados y encabronados de que a las autoridades mexicanas solo le importen los migrantes como negocio o de que la sociedad no los vea ni los defienda.

En el último informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se lee que los asesinatos de migrantes han aumentado un 65 por ciento. Las ciudades donde se registran más secuestros son Ixtepec (Oaxaca), Tapachula (Chiapas), Tierra Blanca (Veracruz), Reynosa y San Fernando (Tamaulipas).

La CNDH, en otro informe del año pasado, dice que 11 mil migrantes fueron secuestrados en 2012… Las estadísticas en resumen, me dicen que nada aprendimos de las lecciones de San Fernando. Y, mientras tanto, policías, militares, narcos, aduaneros, políticos y demás abusones que siguen haciendo de las suyas. Nos quejamos de que los rancheros de Arizona le disparan a los migrantes, pero nuestro trasero está sucio, muy sucio.

Por cierto: el migrante que yo abracé fue Telmo Leonidas Yupa Chimborazo. Y esto le escribí:

"Querido Telmo: Lamento conocerte ahora que ya perteneces a la tierra. Encontré una foto tuya donde miras a la cámara con tus ojos de santo. Tienes una sonrisa contagiosa, los pómulos te brotan como si trajeras dos piedras y correspondes al tipo de campesino sencillo y disciplinado. Así apareciste en mi sueño de ayer. De pronto te desprendías del cielo, malherido, y me contabas que tu nombre significa El que protege, que tenías diecisiete años y venías de Ecuador, la mitad del mundo. Luego, cuando caminaste hacia al valle tamaulipeco de San Fernando, aquello se convirtió en una película de espanto y yo me puse a llorar hasta que se me desprendieron las retinas. Desperté y le conté a mi mujer de ti. Le dije que habías nacido en Tauri, un pueblo en la sierra de Chunchi donde más de sesenta niños se han suicidado en los últimos cinco años porque sus padres emigraron y jamás regresaron por ellos. Es tanta la migración que en Chunchi hay una sola ambulancia que sirve más para traer cadáveres que para transportar enfermos, le leí a mi mujer una nota del diario Expreso. ¿Telmo se suicidó?, me preguntó. No, contesté. Lo mataron los Zetas, los padrotes de la muerte. La hubieras visto, Telmo: terminó igual que yo, con el corazón quebrado y las entrañas alebrestadas. Sé que creías en la Virgen de Guadalupe porque nunca te falló en los momentos que más la necesitaste. Sé que al pollero le pagaste once mil dólares y éste te abandonó en el infierno. Sé, también, que doña Margarita, tu madre, no quiere que seas una vieja noticia de agosto, perdida en la penúltima página. Ni yo tampoco. Ya te prendí una veladora junto a la de mi vieja."

 

 

 

 

 

 

Los excluidos

 Para Paco Calderón, por su merecido premio

Languidece la transición democrática. Entre las causas destaca la determinación y astucia con la cual las élites políticas excluyen a la ciudadanía de los asuntos públicos. No nos quieren.

 La semana pasada nos regalaron dos ejemplos de la exclusión. El lunes, el presidente Enrique Peña Nieto, apoyado por el PRI y el PAN, promulgó una reforma energética que ni siquiera sus partidarios apoyan. Ahora se preparan para evitar que dicha reforma sea sometida a una consulta ciudadana durante las elecciones federales de 2015. En lugar de eso nos están recetando una intensa y costosa campaña propagandística que canta las glorias de unas modificaciones legales que han dejado intacta la corrupción sistémica del mundo de la energía. 

El PRD compite con Morena en la organización de esa consulta que permitirá saber lo que la mexicanidad quiere. Sin embargo, el PRD ignora a la ciudadanía en la capital que gobierna. Tengo años documentando casos del urbanismo salvaje que maltrata a ciudades de todo el país. En la capital me ha sorprendido la firmeza con la cual el perredismo protege, por medio la Secretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda (Seduvi),  la corrupción de los “desarrolladores” que depredan la ciudad e ignora a los vecinos inconformes. El viernes envió a la Asamblea Legislativa del DF las Normas 30 y 31 que multiplicarán los destrozos y que comentaré en otra ocasión.

Octavio Paz alimentó el mito del mexicano pasivo al describirlo como un ser “silencioso y tímido, resignado […] Sonríe siempre, espera siempre”. Apuntaló, de esa manera, la falsa tesis de la pasividad mexicana. Es una creencia que contradicen los hechos. Además de que nuestra historia está repleta de intentos malogrados por participar en asuntos públicos, tengo evidencia para asegurar que en estos momentos alrededor de la mitad de los mexicanos quisieran participar en asuntos públicos, sobre todo en organizaciones de la sociedad civil; los partidos cada vez son menos atractivos.

El impulso se frustra porque las élites políticas lo frenan (el trato dado al ahora encarcelado doctor José Manuel Mireles es paradigmático) y porque hay pocas, muy pocas, organizaciones sociales. Sólo participa en ellas de manera permanente alrededor de 10% de la población. En resumen, la sociedad mexicana tiene conciencia de sus derechos y quiere involucrarse pero faltan las instituciones que le permitan hacerlo.

Si uno revisa la prensa con esta perspectiva, la retahíla de malas noticias siempre tiene de contrapunto la inconformidad de una persona o un grupo. Las víctimas se organizan para buscar a sus desaparecidos o para enfrentarse a los delincuentes, en la capital brotan organizaciones de vecinos que luchan contra el urbanismo salvaje, en Puebla y Sinaloa se movilizan contra leyes retrógradas y en Sonora y Quintana Roo se empecinan en defender el agua y la selva.

La magnitud de la resistencia no se aprecia porque carecemos de un “protestómetro” que nos dé una cifra independiente sobre el número y localización de las inconformidades sociales. El Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) siempre ha hecho un seguimiento de este tipo; la sociedad tiene que hacerlo para adquirir conciencia de cuan falso es el mito de nuestra pasividad.

La organización social es un asunto de supervivencia. Resulta ya disfuncional la corrupción, ineficiencia e insensibilidad de los partidos. Nadie nos atenderá si guardamos silencio. No hay tema pequeño. La regeneración de México se inicia defendiéndonos de las cableras y las telefónicas y los desarrolladores y de los gobiernos que los arropan cada día y con perseverancia.

 Participar en la vida pública debe formar parte de nuestra cotidianidad; como reunirse a comer con la familia los domingos. La exclusión es inaceptable e intolerable; tenemos que tomar el control de una democracia secuestrada  por quienes monopolizan lo público para su propio beneficio. La receta es simple: si queremos reducir los abusos tenemos que organizarnos.

 

La miscelánea

Amplío las ideas expresadas en esta columna en una versión revisada del octavo capítulo, “Salvar la democracia construyendo capital social”, dellibro Remolino. El México de la sociedad organizada, los poderes fácticos y Enrique Peña Nieto.

Los lectores interesados podrán descargar gratuitamente dicho texto desde mi página y desde www.editorial-ink.com/remolino/cortesia  http://editorial-ink.com/remolino/cortesia

Espero que sirva para quienes, como yo, consideramos indispensable y saludable la participación ciudadana en la vida pública.

 

 

 

 

 

 

 

 

El diarismo judicial [casi, casi] del mañana

Publicado en Marco Lara Klahr

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Abel Barajas, un periodista experimentado en la cobertura del ámbito judicial, publicó en Reforma [agosto 7, 2014] la noticia «Desmantelan red traficante de gasolina». Parecía una nota «cajonera» más —como llamamos en la redacción a esas piezas de una sola fuente informativa que no exigen sino reproducir sintéticamente lo que otros dicen—. Pero no, y por eso juzgué importante no dejarla pasar como si tal.

La nota de Barajas:

1. Responde las cinco preguntas básicas del periodismo clásico: Qué, quién, cuándo, dónde y por qué —las también llamadas «cinco w»—, según la información aportada durante una conferencia de prensa que ofreció Tomás Zerón de Lucio, jefe de la Agencia de Investigación Criminal de la Procuraduría General de la República.

2. Detalla el modus operandi de la supuesta red, aporta cifras acerca de sus robos sistemáticos a Petróleos Mexicanos y describe su participación en el mercado negro del combustible; aporta un buen contexto de la investigación federal en tres estados; precisa el tipo y la cantidad de bienes que le fueron incautados, dando cuenta al mismo tiempo de las acciones que estaría efectuando la PGR para proseguir la investigación.

3. Informa sobre el estatus legal de las personas detenidas por supuestamente pertenecer a dicha red, los delitos implicados y el penal donde se les privó de libertad, en Veracruz.

4. Es ilustrada con una fotografía de la conferencia de prensa, donde destacan Zerón de Lucio al micrófono y una amplia pantalla electrónica con imágenes alusivas.

Aunque bien escrita, en efecto podría pasar por una nota «cajonera». Pero lo significativo es que ¡no consuma el «juicio mediático»! O sea, no publica nombres ni fotografías ni nada que identifique a las personas implicadas, según la PGR, en la red criminal: ¡no se dañan su presunción de inocencia ni su imagen! ¡Tampoco ocurre la espectacularización medieval a la que estamos habituados en la narrativa institucional-mediática!

 

¿Qué sucedió?

Claramente, esta noticia es resultado de un cambio estructural de cultura, mentalidad, metodología y prácticas comunicacionales que hicieron sinergia y poseen un mérito compartido que debe reconocerse. En este caso:

1. La PGR comunicó con respeto a los derechos humanos de las personas a las que señala según sus facultades legales.

2. El periodista Barajas fue capaz de recoger con eficacia la información y transmitirla al público, cumpliendo con su responsabilidad profesional.

3. Reforma publicó la noticia, lo que evidencia que, contra la práctica habitual en las redacciones de los medios mexicanos, los editores no exigieron al periodista «datitos» o «carnita» —es decir, esa información a través de la cual se consuma el «tribunal paralelo»—; se limitaron a presentar una nota informativa útil a sus lectores.

4. Dicho diario se atrevió a publicar esta noticia —discordante con otras que da a conocer con frecuencia—, que al tiempo que sirve al ejercicio del derecho a la información de su audiencia, respeta los derechos humanos de las personas a las que la PGR acusa.

Tengo para mí que así será más o menos el periodismo judicial mexicano profesional en un futuro próximo. Hemos trabajado en ello cientos de activistas, académicos, periodistas, legisladores y actores del sistema penal durante al menos dos décadas.

 

¿Qué falta?

Faltan, sin embargo, cuatro condiciones:

1. La nota de Barajas mencionada cumple sobradamente si hablamos de «diarismo», especialidad periodística enfocada en la cobertura informativa cotidiana. Pero para que el público se informe integralmente, según es su derecho, se impone la investigación periodística: así todos podríamos conocer si las detenciones fueron legales, si la investigación es consistente y permitirá llevar a las personas detenidas a juicio; las incidencias del proceso hasta su desenlace, y quiénes son dichas personas si acaso el juez resuelve que son culpables. En suma, si los actores del sistema penal hicieron un buen o un mal trabajo, y quiénes son los verdaderos responsables de los delitos.

2. Lo anterior exige inversión del medio informativo y transparencia de las instituciones.

3. Pero lo más importante es que la reforma del sistema de justicia penal en curso debe implementarse adecuadamente en los estados y a nivel federal, para que noticias como esta de Barajas, en Reforma, sea apenas lo que dé pie a la cobertura integral de los casos, acudiendo para ello los periodistas a las audiencias públicas y orales —previstas en el nuevo sistema acusatorio—, sin que los jueces obstaculicen nuestro trabajo.

4. Convencer a los periodistas judiciales de mentalidad inquisitiva, que son mayoría, de que el momento de cambiar llegó, nos guste o no.

marcolaraklahr.mx

 

NUESTRA APARENTE RENDICION | 2010

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