NUESTRA APARENTE RENDICION

Nosotros somos los culpables

Inicio del libro Nosotros somos los culpables. La tragedia de la Guardería ABC. (Grijalbo 2010)


A- LA TRAGEDIA


En junio, las tardes en Hermosillo a veces se llenan de polvo. La del viernes 5 de junio de 2009 además es calurosa y seca. La sensación de soledad en las calles es inmensa cuando se llega a los 45 grados de temperatura, aunque en la ciudad hay una febril agitación ante las elecciones en puerta. Hoy por la noche, a un mes de que llegue del día de la contienda, está programado un debate entre los candidatos a la gubernatura, el cual tendrá que ser pospuesto. Pospuesto para siempre, como muchas de las otras rutinarias cosas de la vida en Sonora antes del incendio de la Guardería ABC.

 

En Hermosillo viven cerca de un millón de personas. Es tan grande la extensión de su territorio que tiene mar a 80 kilómetros del centro de la ciudad. Si Ciudad Obregón, la segunda urbe en importancia de Sonora, es un sitio agrícola y ganadero, en Hermosillo, compañías como la Ford le han dado relevancia industrial. En la historia política del país, esta tierra sonorense ha tenido una activa participación, fundamental para el desarrollo de lo que hoy se conoce como el PRI. Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, jefes de la revolución que llegaron a la presidencia, nacieron aquí hace más de cien años, al igual que el fallecido Luis Donaldo Colosio y Manlio Fabio Beltrones, controvertidas y poderosas figuras del priismo reciente.

Hoy hay un par de primos, descendientes del General Plutarco Elías Calles, que buscan suceder al empresario Eduardo Bours Castelo. El que es candidato por el PRI se llama Alfonso Elías Serrano y tiene como lema de campaña: “Sonora, el siguiente nivel”; mientras que el que aspira por las siglas del PAN, Guillermo Padrés Elías, promete hacer de Sonora “la número 1”. En una sociedad como la sonorense, que siente que tiene un pasado lleno de grandeza, la arrogancia no se trata de un invento de los aspirantes ni de sus encargados de marketing. Sonora está orgullosa de si misma. Sonora piensa en grande
Pero a las tres en punto Sonora será sacudida. La tarde de hoy se convertirá en una tarde de dolor. Un almacén gubernamental que comparte paredes de tablaroca con una estancia infantil subrogada por el IMSS a particulares empezará a incendiarse. El fuego irá sigilosamente colándose por el techo de lámina hasta llegar a la guardería vecina. La lona colocada de contrabando para maquillar la fealdad de la estancia infantil no tardará en arder y caer encima de los niños de entre 30 días y 4 años que recién se han acostado a dormir la siesta de la tarde
Sonora ya no será la misma. Sonora será otra. Volverá a su humano sitio.
Los acontecimientos, aquellos eventos vividos, siempre son ambiguos, ya que la experiencia que uno vive no es algo único ni aislado. La experiencia siempre está relacionada con alguien más. La tragedia es en ocasiones un coro interminable.

DEO

 

Uno:
El instructor nos dijo que nos encontrábamos en una bomba de tiempo”

El cinco de junio iba a ser un día especial. Los niños de la guardería iban a ver películas, por lo tanto, en la mañana, mi esposa estaba acicalando y vistiendo a Yeyé, nuestro hijo. Ese día se dejó poner los tenis que no se dejaba poner nunca; iba guapísimo. Por lo regular, él me acompañaba a dejar a su mamá y a su hermano antes de llevarlo a la ABC. En el camino le canté canciones que inventaba para él, como todos los días. Ese día se quedó muy contento cuando nos despedimos.

Julio César Márquez,
padre de Yeyé

 

Una vez le pregunté al guardia de seguridad de la bodega estatal: “¿Qué pasaría si todo esto explota?”, pero no respondió. Tampoco lo hizo el personal de Protección Civil, a quienes les hicimos ver esa anomalía, así como la de la lona, que a nuestra consideración, si se caía, iba a llover lumbre, porque sabía que es de plástico.

Esto nos daba miedo; los de Protección Civil nos dijeron que tomarían nota de ello. Todas las irregularidades que en cada grupo recabaron fueron expuestas a los demás grupos y esas anotaciones se las llevó un sujeto de Protección Civil. Posteriormente, se nos dijo que estuviéramos listos para el simulacro de incendio, así que estas dos cosas: el almacén y la lona eran los peligros potenciales que había en la guardería.

Alma Dinorah Lucero,
asistente educativa de la Guardería ABC

 

Todo el día, hasta como al cuarto para las tres de la tarde, estuvo normal.

María de Jesús Cerón Barragán,
cocinera de la Guardería ABC

 

Antes de que pasara lo que pasó, ese día cinco de junio desarrollé mis actividades como todos los días: llegar y darles desayuno a los niños de 8:30 a 9:00. Luego, de 9:00 a 9:45 se llevan a cabo las medidas higiénicas, tales como lavarles las manos, sentarlos en bacinicas para que realicen sus necesidades, y a otros, cambiarles el pañal. El tiempo siguiente se utiliza para que duerman hasta las once de la mañana.

Al despertarlos se les da una colación, la cual consiste en un jugo, y de nuevo se les ayuda a que realicen sus necesidades fisiológicas o se les cambia su pañal. A las 11:30 es la hora de la clase. De las 12 a las 12:20 horas es el tiempo libre, que se utiliza para cantar, bailar o jugar, siempre con la supervisión de las maestras. A las 12:30 se acomodan los niños para que coman; el tiempo de comer termina a la una cuarenta y cinco. Luego vienen las tareas higiénicas (llevarlos al baño o cambiarles el pañal), ya que están por llegar sus padres. Los niños duermen hasta las tres de la tarde. La guardería cierra a las cinco. Si a esa hora no llegan los padres hay instrucciones de llamar a una patrulla para que recoja al niño, lo cual se considera como delito de abandono, aunque en la Guardería ABC esto nunca sucedió.

Marina Isabel Flores Loera,
asistente educativa de Guardería ABC

 

Antes el almacén y la guardería eran una misma bodega donde había una maquiladora. Me di cuenta de eso porque en la pared poniente había unos hoyos grandes. Como que por ahí pasaban montacargas. Los hoyos que dividían al almacén y la guardería fueron rellenados con bloques. Esto se veía perfectamente porque las paredes estaban sin enjarrar.

Ignacio Alduenda Salazar,
empleado de la Agencia Fiscal del Estado

 

Todos los que tenemos bebés en guarderías es porque necesitamos trabajar, necesitamos salir adelante para darles a ellos mismos.

Martha Milagros Méndez Galindo,
tía de Juanito Fernández

 

El almacén que estaba enseguida de la guardería era del gobierno, pero estaba muy descuidado, con maleza y graffitis, y jamás ví a algún guardia de seguridad cuidándolo. Inclusive el año pasado robaron en la guardería e ingresaron por el lado de dicho almacén, tumbando parte de la pared, a la altura de maternal B-1, robándose comida, lo cual debió ser escuchado o visto por el supuesto guardia.

Perla Alejandro Moreno Olguín,
educadora de la Guardería ABC

 

En el almacén que está a un lado de la Guardería ABC, a partir del lunes primero de junio estuvimos trabajando toda la semana: yo, Álvaro Pacheco Ferral, Arturo Bracamonte y Jorge Lavandera, debido a que nos encontrábamos reacomodando el inventario de placas de circulación de vehículos; esto dentro de la nueva área delimitada con malla ciclónica, por lo que el día cinco de junio salimos los cuatro a las 4:45 para retirarnos a las oficinas de la secretaría de Hacienda.

Arturo Torres Escalante,
empleado de almacén estatal donde empezó incendio

 

Las instalaciones de la Guardería ABC son prácticamente como una bodega o almacén grande y alto, de material de block, con techo de lámina galvanizada de dos aguas que se ve de lejos. Pero en el interior no se aprecia la lámina, porque hay muchos cuartos o salas con divisiones de material de tablaroca, con cielo de plafón y ventanales de vidrio entre sala y sala. En la parte central hay un comedor con mesitas y sillas pequeñas de plástico azul rey (el día de la tragedia las mesitas estaban a los costados y las sillitas estaban alineadas porque iba a haber a junta de padres de familia). En ese lugar había, en la parte alta, una lona gruesa y pesada, bien bonita de colores amarillo, rojo, verde y azul; estaba pegada a las paredes de los salones y hacía la forma de una carpa de circo.

Guadalupe González Carrizoza,
intendente de la Guardería ABC

 

A las dos de la tarde empezamos a acostar a los niños en las colchonetas de la sala, ya que es la hora de la siesta. Comencé a acomodarlos cabeza con cabeza, piecito con piecito para que durmieran y no se golpearan.

Ana Sughey Hernández,
asistente educativa de la Guardería ABC

 

El miércoles tres de junio, durante la semana de la tragedia, mi esposa Cristina García y yo estábamos en la casa. Ella cumplía años el jueves y me dijo: “no quiero llevar a los niños a la escuela el jueves”. Quiso pasar su cumpleaños en casa con los niños. Entonces los llevamos a la guardería hasta el viernes cinco de junio, y el viernes, como que ninguno tenía ganas de levantarse, recuerdo, pero yo era el que insistía en llevarlos. Y al rato, pues ahí vamos en el camino. Estoy desempleado y solamente ella percibe ingresos para la casa. Todos los días busco y busco trabajo y nada, así es que yo llevaba a mi hijo a la guardería.

Ese viernes los estaba apurando para llegar temprano. Mi hija está en una escuela a una cuadra de la Guardería ABC. La costumbre era que mi esposa llevaba a la niña y yo llevaba al niño.

Ese día, cuando íbamos de camino a la guardería los cuatro, primero dejamos a Nicole, y recuerdo que el niño, mi bebé, se paró y dijo: “Adiós mamá, adiós Nicole”, pero nunca pensamos que sería el último adiós. Quedamos de vernos en la tarde para recogerlos. Caminamos más y llegamos a la guardería. Chequé tarjeta, como era la costumbre, y el niño pasó al interior de la guardería, se paró, volteó, y me dijo “adiós apá”. Nunca pensé que era la última vez que lo iba a ver en mi vida. Y esa imagen se me quedó grabada. Será para siempre.

José Cruz Álvarez,
padre de Bryan

 

Es una guardería que tenía divisiones adentro como de madera o cartón con yeso, de ese que le tocas y se escucha como si estuviera bofo. Únicamente la pared de alrededor es de ladrillo. Toda tiene techo de lámina galvanizada y por dentro, en el techo del comedor, había una carpa como de circo. Estaba pintada de varios colores y había unos barandales que la sostenían.

Yolanda García Villalba,
intendente de la Guardería ABC

 

En una ocasión nos visitó un instructor de primeros auxilios que sólo recuerdo que se llamaba Juan. Nos pidió que nos fijáramos qué era lo que había en el exterior de la guardería, esto para saber a dónde nos íbamos a ir en caso de cualquier siniestro que ocurriera y así poner a salvo a los niños. En esa ocasión, todo lo que apuntamos fue que estábamos cerca de una llantera, de una gasolinera y de una bodega sola. El instructor nos dijo que nos encontrábamos en una bomba de tiempo.

Aracely Moroyoqui Contreras,
asistente educativa de la Guardería ABC

 

Dos:
¿Qué se estará quemando por allá?”

 

Ese día cinco de junio fuimos a unas pláticas al Seguro Social porque le iban a hacer la circuncisión al niño. Me daba muchos nervios meterlo ahí al Seguro Social. “Pero pues tan sólo es una circuncisión —me dijeron—, algo rápido. El mismo día ya está caminando”. Como se levantaron tarde él y mi esposa mi hijo no alcanzó a desayunar, pero se tomó un vaso de leche. Fuimos al Seguro Social, entró mi esposa, yo me quedé con él jugando afuera, arriba del carro. Le compré un Gansito, un Pingüino y un jugo. Salió mi esposa, vinimos a la casa y luego lo llevamos a la guardería. A mí me tocó entrar. Lo dejé, me dijo adiós y me fui a trabajar. Al rato, cuando salgo de la planta Ford donde trabajo, vi una torre de humo, y le dije a un compañero: “Fíjate ¿qué se estará quemando por allá por aquél lado?

Roberto Zavala,
padre de Santiago de Jesús

 

Los niños estaban en la hora del sueño, es decir durmiendo y nosotras las asistentes estábamos sentadas en el piso meciendo a los niños de los portabebés. Cuando sonó la alarma nos levantamos.

Maribel Hernández,
educadora de Guardería ABC

 

Siempre me fijaba que quedaran apagadas las luces, ya que con el hecho de bajar los térmicos se corta la corriente de energía eléctrica. Ya que me fijé que bajaron los térmicos, recuerdo muy bien que se apagaron las luces, no sé qué horas serían, tal vez las dos de la tarde, pero quiero decir que estaba muy pendiente de que bajaran la luz, ya que me daba mucha desconfianza el techo de la bodega, que es de poliuretano.

Dolores López Pacheco,
vigilante de almacén estatal donde comenzó el incendio

 

La verdad el trabajo era muy cansado, ya que los niños requieren de mucho cuidado. Ese también fue el motivo por el que renuncié. En varias ocasiones pedimos más personal para el cuidado de los menores y nunca nos lo dieron. Estos requerimientos los hicimos las pedagogas. El techo de todas las salas se encontraba en muy malas condiciones ya que había cuadros del techo que se estaban cayendo, inclusive se veía el hielo seco; aparte, en todo lo que es, o era, el área de comedor, existía como techo una lona en varios colores, rojo, azul, amarillo, todos propios de una guardería.

Carmen Ofelia Villegas Ocaña,
ex trabajadora de la Guardería ABC

 

Escuché un sonido raro, algo extraño, arriba del techo, es decir del cielo, y me quedé estática, tratando de buscar de donde provenía. Cuando bajé la vista comenzó a entrar humo de la esquina de la sala de descanso de los maestros. Un humo claro, cafecito, así que me dije: “algo está pasando”, “alarma” y “fuego” fueron los gritos que escuché, y en seguida sonó la alerta de seguridad.

Araceli Valencia Gracia,
auxiliar de salud de la Guardería ABC

 

Ese día me tocó preparar alimentos para 145 niños de entre uno a cuatro años, y siendo las 2:45 me encontraba en cocina, cuando de repente empezó a filtrarse mucho humo. Quise salir por la puerta de lactantes, pero dicha puerta no la pude abrir, por lo que salí de la cocina por la puerta de atrás, la que conduce a la calle; me percaté que había muchos elementos de varias corporaciones que estaban sacando a niños de la guardería.

Gilda Barceló García,
nutrióloga de la Guardería ABC

 

Empecé a gritar mucho a los niños para que se despertaran y se levantaran. Los movía pero batallaba para que despertaran. Lo hice en varias ocasiones pero no me dio resultados. Para esto, en cuestión de segundos, la sala se llenó de humo negro y lo que hice fue agarrar como a tres niños, una de ellos Nicole y a otros que no recuerdo sus nombres. Adriana agarró a otros niños y ambas salimos hacia el pasillo, dejando en el interior a otros niños que no recuerdo quienes eran, porque no logramos despertarlos. Se quedaron dormidos. Cuando íbamos en el pasillo empezaron a caer pedazos de lona hirviendo. A los niños que llevaba no les pasó nada, mientras que a mí me cayó un pedazo de lona hirviendo en el brazo.

Aracely Moroyoqui Contreras,
asistente educativa de la Guardería ABC

 

Mi compañera María del Carmen entró a la sala. Se veía asustada y gritaba: “se está quemando la guardería, saquen a los niños”. Yo tenía dos niños en mis brazos, no recuerdo a quiénes; me levanté rápidamente mientras que María del Carmen estaba abriendo la puerta. Ya abierta la puerta, como pude, saqué a los niños, ya que todos estaban dormidos. María del Carmen dijo: “voy a ir a parar el tráfico por la calle Mecánicos”. En eso vi que se regresó a ayudarme a sacar a los niños, y vi pasar a Maribel Hernández, que estaba en la zona de Lactantitos A y B, y traía niños en portabebés. También mi compañera Fernanda Paco traía una cuna con varios niños. Yo, como podía, iba sacando niños. Estaba asustada, alterada y nerviosa por lo que estaba pasando. No lo podía creer.

Margarita Zuñiga Colchado,
asistente educativa de la guardería ABC

 

Salía bastante humo negro, demasiado negro, por lo que al ver todo eso, mi compañera Hilda de inmediato trató de abrir la puerta de salida de la calle a la cocina, la cual estaba habilitada como salida de emergencia. Según los simulacros que antes habíamos hecho esa puerta estaba habilitada como salida de emergencia, pero recuerdo que no podíamos abrir la puerta, ya que abre para adentro, no para afuera, además de que teníamos que jalarla con fuerza y abrirla con la llave, ya que esa puerta no tenía la jaladora de la chapa porque se quebró, y en eso andaban de que la iban a arreglar, pero no lo hicieron.

María Guadalupe Torres Grijalva,
cocinera de la Guardería ABC

 

Había lumbre en el techo y al aplastar la alarma todo se apagó. En ese momento todo se llenó de humo, pero en ningún momento sentí que se calentara la guardería. Todo fue muy de repente porque ya todo el techo estaba en llamas y en esos momentos nada más estábamos unas 30 personas de las que trabajamos en la guardería.

Yolanda García Villalba,
intendente de la Guardería ABC

 

Me encontraba en el área de fomento, que es donde están las enfermeras, y me dirigía a sacar la basura de los niños y de otras salitas, cuando en eso miré que del área maternal B-1 empezaba a salir bastante humo, y rápido, tanto la directora de la guardería como las maestras y nosotros, entramos a sacar a los niños, que eran como unos 32. Luego yo misma empecé a sacar niños de la sala maternal A, junto con los del B-1. Yo sola logré sacar como unos 20 niños. Para esto había más bebés, pues son siete salas de niños, y faltaban las salas B-2, C-1 y C-2 que es donde están los niños más grandecitos, de tres años en adelante. Luego se llenó todo de humo y me dijeron que había caído el techo de arriba de la guardería y ya no me dejaron entrar... recuerdo que tumbaban algunos muros o paredes de la guardería para poder sacar a los niños que faltaban, luego quitaron un aparato de refrigeración para entrar y sacarlos; y sí me fijé que lograron sacar algunos niños, a mí me tocó llevarme como a cinco, todos mojados por el agua que les echaban las misma personas que nos los pasaban.

Elia Guadalupe González,
intendente de la Guardería ABC

 

Me encontraba sacando los pañales y de repente escuché que gritaban fuego. Me metí a la sala de lactantitos, agarré una cuna, subí a dos bebés y agarré a otra en el brazo. Ya olía muy fuerte a humo. Luego me dirigí hacia la puerta de lactantes... se veía todo negro, era humo, no se podía ver para ningún lado y distinguí de repente la puerta de salida hacia la calle. Como pude, ahogándome por el humo, seguí avanzando con los bebés hasta que salí a la calle.

Jazmín Miranda Burciaga,
intendente de la Guardería ABC

 

Serían entre las 2:45 de la tarde y las 2:50 cuando todas empezamos a escuchar en una de las lámparas de luz blanca que hay en el lugar, como si pájaros estuvieran picoteándola, se escuchaban pasos, como si alguien caminara livianamente encima. Isabel, quien estaba debajo de la lámpara, nos dijo que se iba a quitar de ahí porque la lámpara se caería pronto. En eso volteo a la parte alta de la pared que colinda con la bodega, y me di cuenta de que salía humo negro. Todas corrimos. Alguien hizo sonar la alarma. Hasta ese momento no vi lumbre. Al primer niño que me topé lo agarré de su axila y lo levanté, y saliendo con él de la sala, corriendo, se me cayó. Antes de levantarlo vi que la lona del área del comedor se estaba consumiendo por el fuego. Caían pedazos alrededor. En eso levanté al niño y me di cuenta que era Airam Santiago. Corrí hacia el área de filtro pero la puerta para entrar a este lugar estaba cerrada, por lo que metí a Airam al área de fomento. Fue en ese momento que me acordé de mi hija Evan Alicia Arellano Orozco, de un año y un mes de edad. Ella estaba en lactantes “C”; quise ir por ella, y egoístamente dejé al niño en ese lugar. No sabía qué hacer. Me encontraba nerviosa ya que todo estaba lleno de humo, lo que impedía la visibilidad. Como pude logré abrir la puerta de acceso a Mecánicos y e salí en busca de mi hija; me di cuenta que afuera, en la calle, estaba a salvo sentada en la banqueta. La agarré entre mis brazos y me puse a pensar a quién se la iba a entregar para meterme a sacar al niño, pero no me dejaron, me quedé con ella parada, llorando. De repente empecé a querer vomitar. El cuerpo me hormigueaba y ya no podía mover los dedos ni respirar. Me pusieron oxígeno y me subieron a la Cruz Roja para ser llevada a la clínica del Noroeste, en donde me puse peor porque no había podido entrar a la guardería a sacar al niño.

Hasta el día siguiente supe que Airam estaba bien de salud.

Eloísa Orozco,
maestra de la Guardería ABC
y madre de Evan Alicia

 

Pusimos a los niños de portabebé en cunas, para salir más rápido, y a los más grandecitos también para facilitar la salida. Empezaron a salir los niños de ambas salas con las maestras que estaban con ellos. Yo me fui al área de enfrente de esas salas, que da a la pared que más se estaba quemando, ya que el humo y el fuego salían del techo, el cual se empezó a caer como si lloviera fuego.

Luz Esthela Castillo Gurrola,
jefa de Pedagogía de la Guardería ABC
y madre de Luis Carlos, niño sobreviviente

 

Sacamos como a 30 niños, pero no vi uno vivo; todos iban negritos, sus brazos sin fuerza.

Anónimo,
vecino que participó en rescate.*

 

Me hallaba en mi hora de descanso, con otras compañeras en un área en seguida de la cocina, cuando en eso escuchamos arriba, en el techo, como si estuviera cayendo arena. Volteamos y vi que salía humo negro. Salí corriendo al igual que mis compañeras y empecé a gritarle a la directora: “se está quemando la guardería”, también les gritaba a las compañeras que sacáramos a los niños. Sonó la alarma de incendios, corrí al salón de lactantes y le dije a mis compañeras que salieran y que sacaran a los niños, que la guardería se estaba quemando. Mientras ubicábamos a los niños en la calle, y en la banquet, llegó una patrulla policiaca y nos empezó a auxiliar. También le gritaba auxilio a la gente de la calle para que nos ayudara. Alguien dijo que lleváramos a los niños más lejos porque podía explotar el lugar, así que fui hacia una casa que está a una cuadra, y le pedí a la señora que vivía ahí que si me dejaba llevarle los niños para ponerlos a salvo. En la casa solamente recibí como a 20 niños.

María del Carmen León Patiño,
asistente de la Guardería ABC

 

Me pasaron niños de la sala maternal A y los agarré para salir por la puerta del filtro. Abrí las puertas y los dejé afuera, en la banqueta. Luego, me regresé para sacar más niños, pero la puerta que da acceso a las instalaciones de la guardería, que está pasando el filtro, no la pude abrir. Estaba embolsado el aire y por más que hacía el esfuerzo, me devolvía la presión, así que a un lado de esta puerta estaba el teléfono y lo que hice fue tomarlo para hacer una llamada al 066, de emergencias, pero estaba muerto, no tenía línea. Entonces salí al área de filtro para dirigirme a la otra puerta de emergencia, que está en el área de lactantes “C”, para ver si la habían abierto; cuando salí, vi que estaba abierta y que estaba sacando a los niños y a los bebés. En ese momento no vi algún vecino ni nadie que nos prestara ayuda.

Guadalupe Dora Socorro Huerta,
secretaria de la Guardería ABC

 

Lo que hice fue empezar a jalar niños arriba de las colchonetas, pero no se despertaban. Cerré la puerta para que no entrara más humo y me llevé a los niños que estaban despiertos hacia el baño de esa área, en donde los mojé o con pedazos de sábana, los cuales se los ponía en la nariz para que no respiraran el humo. En eso me asomé por una ventana que se encuentra en ese baño y que da a la calle. Vi que había mucha gente que corría de un lado a otro y empecé a gritar que me ayudaran, que había muchos niños conmigo.

Aracely Moroyoqui Contreras,
asistente educativa de la Guardería ABC

 

El cuarto niño que saqué me partió el alma: iba todo descarapelado, como cuando a un tomate le quitas el cuerito; en la bata del uniforme se me quedó la carne cocida del niño. Lloraba, respiraba forzado, le iba diciendo que aguantara que ya íbamos a llegar al hospital.

Anónimo,
despachador de gasolina*

 

Estaba alterada y nerviosa. Salí de mi sala arrastrando a los niños, pero el humo era tan espeso y oscuro, que provenía precisamente de la parte superior de mi sala y de las salas contiguas; como que se estaba acumulando y al pasar por el comedor, en esa parte, me cayeron pedazos de la lona, pesada y gruesa. Era como fuego líquido que me quemó los brazos y la espalda, mientras yo seguía adelante con mis niños agarrándolos a la fuerza de sus manitas, que estaban adormilados, ignorando lo sucedido. Esquivaba pedazos de lona hirviendo, y en un par de ocasiones me caí. Como pude me levanté; era tanto mi afán de salir con los niños que seguí adelante con el humo que estaba muy espeso y lo estaba inhalando. No había iluminación debido al humo negro, pero creo que en esos segundos se apagaron las luces, así es que me parece haber dejado algunos niños en el camino. Para mí es muy difícil decir esto porque siento impotencia de no haber logrado salvar más vidas.

María Guadalupe Castillo Acuña,
asistente educativa de la Guardería ABC

 

Estaba saliendo bastante humo negro, me ahogaba con él y la lona que estaba en el techo del área del comedor caía a pedazos, ya prendidos de fuego.

Yolanda García Villalba,
intendente de la Guardería ABC

 

Vi a través del cristal mucho humo que provenía de las salas maternales que están al otro extremo, y como pude agarré unos niños en mis brazos y los eché en la cuna. En eso, una maestra de nombre Carmen León entró a nuestra sala y abrió la puerta de emergencia de lactantes C, que está contigua a la nuestra, y yo y mis compañeras veníamos con los niños para pasar por esa puerta porque se me hizo lo más práctico. Antes de entrar a lactantes C vi que la lona de colores estaba derritiéndose y caían las micas de plástico en las lámparas; el humo empezó a ponerse más denso, incluso estaba ahogándome. Fue tan rápido que no veía; el humo era gris, muy oscuro, pero como conocía el camino logré salir con mis niños en la cuna.

María Fernanda Paco Meza,
asistente educativa de la Guardería ABC

 

Cuando estaba parada en medio de las salas B-2 y C-1 me llegó el olor a quemado. Luego llegó Guadalupe Castillo y también me dijo que olía a quemado y que a lo mejor se había quemado el aire acondicionado. Y fue en ese momento que salieron Carmen, Isabel y Aracely diciendo que olía a humo y se activó la alarma de incendios, por lo que de inmediato me metí a mi área de trabajo, donde ya se encontraba mi compañera Dennis, con la cual empezamos a sacar niños que se encontraban dormidos en el área.

Inicialmente saqué a una niña y a un niño en cada brazo y los saqué por la puerta de emergencia de lactantes G. Después me quedé auxiliando a los niños que se encontraban afuera, unos quemados de sus brazos, cabeza, frente. Uno de los niños que conozco, Alexis, iba quemado de sus brazos y piernas. Todo su cuerpo se le miraba color rosa, lo mismo varios niños más que se encontraban asfixiados por el humo.

Reyna Anahí Camou Ramírez,
asistente educativa de la Guardería ABC

 

Había mucho humo espeso, empecé a tentar, tenté carnita, la agarré, cuando pude vi que era una niña, estaba toda quemada, no hacía nada; no lloraba, tenía los ojos grises. Nomás se me quedó viendo, nada más abría la boca y la cerraba, como los peces.

Anónimo,
empleado de llantera *

 

Avanzamos a ciegas y me encontré a una niña discapacitada, no caminaba. La levanté en mis brazos pero no puedo decir cómo se llama ya que es una de dos gemelas. Seguimos caminando y luego me tropecé con una cuna que en este momento no sé si llevaba niños, pero iba atorada con una colchoneta, por lo que me era muy difícil empujarla, además de que como dije, la salida no se veía. De repente, vi un hueco de luz y me dirigí hasta él.

Luz Esthela Castillo Gurrola,
jefa de Pedagogía de la Guardería ABC
y madre de Luis, niño sobreviviente

 

Yo trabajaba en la guardería, mi hijo murió ahí al igual que otros niños. No lo pude sacar, no me dejaron. Traía cuatro niños en mis brazos. Los saqué. Lo que pude lo hice. Cuando quise regresar por mi hijo no me dejaron.

Daniza López,
maestra y madre de Luis Durazo

 

Me llamó mi esposa diciéndome que estaba pasando algo en la guardería. La quise calmar diciéndole que no era posible, que no me cabía en la cabeza pensar que a mi hijo le pudiera pasar algo. Para mí, mi hijo estaba en el lugar más seguro después de nuestra casa. Y me insistió, me volvió a llamar y me dijo: “sí, vente”. El tono de ella me hizo reaccionar. Cuando me iba acercando por la avenida Rosales empecé a ver mucho caos vehicular; en sentido contrario venían carros de emergencia de todo tipo. Eso me empezó a llenar de angustia. Vi que estaba llenísimo de carros. Estaba a 300 metros y lo que hice fue brincar un camellón con mi carro, me metí en sentido contrario y dejé el carro con las puertas abiertas. Corrí como unos 200 metros, más o menos, pero conforme me iba acercando, veía yo que la fachada que tenía ante mí no presentaba grandes daños. Y el humo que yo veía, lo veía detrás de la guardería. Y sí vi unos hoyos, pero pensé, que eran para sacar a los niños. Mientras tanto quise negarme a mí que le hubiera pasado algo a Yeyé.

Julio César Márquez,
padre de Yeyé

 

Miré que era un escándalo muy grande en la calle, gente que lloraba, que gritaba. Oía que decían “ya se los llevaron”; tal vez se referían a los niños. También escuchaba que había más niños, que los sacaran, y yo iba y venía a la bodega y a la guardería, y llamaba al supervisor para decirle lo que estaba pasando... había muchos policías, mucha gente y más tarde me enteré de que se habían quemado muchos niños, sé que ahí iban las mamás a dejar a muchos niños, pero no me imaginé qué tan grande había sido esta tragedia.

Dolores López Pacheco,
vigilante de almacén estatal donde empezó incendio

 

En una habitación dentro de la guardería, la cual se encontraba con la puerta cerrada y llena de humo, nos percatamos de una persona del sexo femenino que se encontraba en su interior inconsciente, con heridas cortantes y quemaduras. Optamos por tumbar la puerta a patadas para sacarla tomándola de los brazos y arrastrándola hacia el exterior. Cuando se encontró a salvo del fuego le dimos respiración boca a boca y masaje para reanimarla, volviendo luego al interior para sacar más infantes.

Reporte de policías estatales Strugemberg Stemplesca,
Adan Ibarra y Francisco Medina

 

Ese día nos encontrábamos aquí por el arroyo, debajo de un árbol, cuando de repente comenzamos a ver un humaderón que se soltó hacia la gasolinera. Pensamos que era la llantera, porque ahí está una llantera grande, y corrimos todos y ya cuando llegamos, pues, vamos viendo que era la guardería. Yo lo que hice fue meterme sin pensarla. Íbamos como tres morros: el José, El Negro y yo. Entré y con la humadera y todo ese jale, me devolví pa’ trás porque estaba muy oscuro adentro. No veía nada. Entonces dos policías que andaban ahí me dieron dos lámparas, me quité la camiseta, me la puse en las narices y me dejé ir otra vez pa’ dentro, pa’l llamaradón. Y ya comencé a aluzar hasta que vi una niña que estaba sentadita en una esquina, con los bracitos así encogiditos y el pelito recogido. No se le quemó el pelito. Y yo dije: “¿será niña o será muñeca?” Porque parecía una muñequita, la piel como de plástico, así amarilla. “¿Será o no será?”, decía yo… estaba entre sí y no, pues. La agarro de abajo de los sobaquitos, así, y entonces sentí lo caliente… y la dejé caer, porque me quemé las manos, pues. Entonces lo que hice, ¡pum! con la camiseta la envolví y la agarré bocabajo; y ahí voy pa’ fuera, pa la puerta. Saqué a esa, iba viva ésa, el corazoncito le iba funcionando. Ya la entregué afuera y me dejé ir otra vez pa’ dentro…

Juan López Trujillo,
El Cayetano, vecino**

 

Un día le hablé por teléfono al señor Antonio Salido para decirle que me preocupaba que se incendiara la lona y ocurriera una desgracia. Luego luego, lo que me dijo fue: “¿Qué le pasa? Se me hace que usted ve muchas películas de Hollywood”.

Ex trabajadora de la Guardería ABC

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NUESTRA APARENTE RENDICION | 2010

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