NUESTRA APARENTE RENDICION

El secretario de los que sufren

Sigmund Freud Sigmund Freud Sigmund Freud

El tema de la droga es delicado. Freud lo advirtió en su experiencia, en primer lugar, en su experiencia como cocainómano. Freud fue aficionado a la cocaína por un tiempo y a partir de replantear cómo hizo para curarse de esa droga pudo inventar otra droga a la cual luego destinó toda su vida, esa otra droga la llamó Psicoanálisis.

Justamente, Freud a partir de lo que fue su experiencia con la cocaína y su salida inventa el psicoanálisis. O sea que la droga no deja de ser uno de los eventos que le conciernen a la actividad psicoanalítica, pues además hay quienes con motivo de las drogas consultan a un psicoanalista para resolver qué hacer, qué dejar de hacer o qué seguir haciendo con o sin la droga.

 

Freud notó que el conjunto de las drogas han sido apreciadas y reconocidas por muchos individuos para asegurar su felicidad y alejarse de la miseria, no solo de la miseria económica sino de la miseria humana. Por lo tanto, las distintas culturas le han reservado un lugar particular en su economía libidinal a la droga.

 

Se puede constatar que hoy el conjunto de las drogas conocidas, desde las más poderosas hasta las más suaves -como el tabaco, el alcohol, el chocolate, el café- están vinculadas de una manera u otra a prácticas amorosas.

Se puede indicar que en un principio las drogas -esos elementos para alcanzar un día determinado la felicidad y alejarse de la miseria, de la miseria humana, porque la vida humana tiene grandes porciones de miseria-, poco a poco con el nuevo capitalismo fueron transformadas en otro tipo de objetos, ya no se trata de objetos rituales sino que se trata de objetos destinados a obtener ganancias y, por ende, a expandir su consumo ilimitadamente. De ahí que la actual guerra contra el narcotráfico deja de lado uno de los efectos del biopoder. ¿Qué es el biopoder? Se trata de una combinación entre la biología y el poder que ha dado como resultado la industria farmacológica que representa el mercado de las drogas legales. Drogas que se hacen a nombre de nuestro bien y que sin embargo producen efectos bastantes singulares en cada uno de los humanos.

En este momento en México se ha lanzado una campaña, que está a cargo de artistas muy conocidos, directores de cine, escritores y actores: Ponte en los zapatos de otro. Estos intelectuales ponen su voz al servicio de las voces que han sido apagadas en esta guerra contra el narcotráfico, una guerra que es parte de la barbarie civilizada. Esta campaña de denuncia trata de darles un nombre y apellidos a las víctimas de la guerra contra el narcotráfico, buscando también que la ciudadanía pueda tomar en sus manos algo que no se puede esperar de ninguno de los políticos que están concernidos.  La cuestión de las drogas, los ejércitos de sicarios y los ejércitos oficiales, las sumas enormes invertidas en armamento y en el trafico de armamento, no son temas de los cuales se vayan a ocupar los políticos más allá de sus intereses, y entonces solamente los ciudadanos podemos hacernos cargo de estos temas.

Ponte en los zapatos del otro es una manera de darle al otro una voz que hoy le es negada. Este es un horizonte cercano al psicoanalista, en el sentido de que el psicoanalista en muchas ocasiones da su voz, es un secretario de aquél que suele vivir bajo el sufrimiento, ya sea de una inhibición, de un síntoma, de una angustia, de algo que quiere dejar y que no puede, de algo que no quiere dejar y que quiere seguir manteniendo, por ejemplo, una droga, sin que eso le impida hacer las cosas que le interesan en la vida. El psicoanalista presta su voz para que se escuche a quien vive esa experiencia, para poner un poco de límites a quienes hablan en su nombre.

En ese sentido un psicoanalista también puede operar como secretario del sufrimiento de los otros, puede aportar este pequeño fragmento – ofrecer una voz- ante esta terrible y compleja cuestión de la drogadicción, en particular en México donde ya llevamos más de 60 mil muertos. Sesenta mil vidas perdidas que han sido calificados como "daños colaterales", mientras que, como bien dice un articulo de Flavio Meléndez “Ustedes los llaman daños colaterales, nosotros los llamábamos amigos”.

Hay una pequeña diferencia entre hablar de daños colaterales y ubicar a quienes pierden la vida en esta guerra en el terreno y el horizonte de la amistad. Esa amistad que  le permitirá a un psicoanalista operar como secretario de  quien no puede hacer conocer su voz; para eso es necesario escuchar, cosa que en la guerra del narcotráfico no se hace, pues está dirigida, si es que estaría dirigida, a resolver el problema de las drogas con un método que es cortar por lo sano. Los problemas generan soluciones, de ser preferible siempre se opta por dar la solución, por ejemplo, masacrar a más sesenta mil personas No se trata ni siquiera de la vieja práctica de la medicina de vacunar, sino que se trata de eliminar a los portadores; de ahí que muchas de las personas que son asesinadas, ajusticiadas en los llamados levantones del narcotráfico, de organizaciones paramilitares o militares, suelen ser simples consumidores de droga. Por eso hoy en día para quien consume drogas, a los prejuicios, perjuicios y efectos que tal o cual droga pueda ocasionar en su vida, a eso se le suma que acercarse a un puesto a comprar una ración de droga es correr el peligro de ser ejecutado o levantado.

La historia de las drogas tiene un lugar muy singular en  México. Quisiera simplemente recordar un episodio: en México la elaboración del pulque y del mezcal fue severamente transformada cuando la conquista introdujo nuevas técnicas de destilación que permitieron producir un alcohol que iba más allá de las fiestas sagradas, y a partir de ese momento el alcohol como objeto comercial y como droga fue utilizado por el nuevo poder de la conquista, en forma rápida las autoridades españolas tomaron nota de los efectos catastróficos que producía en la población. El texto de un virrey de México autorizaba la distribución y el obsequio del pulque entre los apaches de Nuevo México, a efectos de diezmar a este pueblo e impedir que se siguieran revelando. El texto data del año 1786, lo atroz era que se utilizaba el alcohol como una droga sustraída del contexto sagrado, distribuida como dádiva del conquistador a efecto de que los conquistados aceptaran la conquista.

En México tenemos una larga historia respecto de las drogas, la droga no es un problema militar, se lo ha convertido en tal puesto que como resultado de las acciones militares del gobierno han sido ajusticiadas más de 60 mil personas. No es solo un problema de consumo, es también un enorme problema económico: a los grupos de la droga se les llama cártel y el cártel es una figura generada por la economía política; los cárteles tienen estatuto de empresa capitalista, quizá es por eso que uno de los máximos exponentes de los cárteles de la droga en México figura en las paginas de la revista Forbes, porque además la economía y las finanzas de la droga se confunden, están en el mismo horizonte que el resto de la economía capitalista.

Podríamos indicar otro episodio que articula el poder y la droga, se trata de una vieja anécdota. Cuando está a punto de ser fundado el Estado ruso de Kiev se produce una conversación entre el Rey de esa zona y dos representantes de Estados vecinos que eran musulmanes, conversación en la cual el Rey les confesó: a mis súbditos les gusta tanto el alcohol que no quiero prohibirles el acceso a esa dicha, por eso no me convertí al Islam sino que me convertí a la religión de Bizancio.

¿Qué es lo que hace que hoy en día personas de los más diversos sectores sociales requieren de la compañía de la droga para hacerle frente a la vida? ¿Será cierto que se drogan para escapar de la realidad o de lo que se trata, al escuchar en detalle los testimonios de quienes tienen este objeto, la droga, como su objeto erótico, de lo que se trata es de que con ella lo que pretenden es transformar la realidad? Entonces, queda la pregunta: ¿Qué lleva al hombre moderno a requerir de la droga para sostenerse en pie?

 

* Alberto Sladogna, psicoanalista, director de la revista Artefactos, una revista de psicoanálisis de la elp

NUESTRA APARENTE RENDICION | 2010

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