NUESTRA APARENTE RENDICION

El empresario Jorge Hank Rhon, ex alcalde de Tijuana actualmente preso por presuntos vínculos con el crimen organozado. El empresario Jorge Hank Rhon, ex alcalde de Tijuana actualmente preso por presuntos vínculos con el crimen organozado. Luis Jorge Gallegos

I

 

Cuando conocí a Jorge Hank Rhon en el lobby de su hotel Pueblo Amigo, le pedí que, tomando en cuenta la fama oscura que lo cubría, me dijera cómo se veía a sí mismo. El mayor empresario de casinos en México hizo una mueca de disgusto, se acomodó el chaleco rojo de piel de cocodrilo y sonrió con la convicción de un actor novato. “Soy el que ves: amante de la naturaleza, amante de mis animales, una gente muy feliz, de veras. Yo siempre lo digo: creo que la vida se ha portado muy bien conmigo y creo que soy un hijo bien nacido. Mi señora madre me enseñó eso: que había que trabajar lo más que se pudiera, y lograr lo más que se pudiera para poder dormir a gusto. Y yo duermo como un león”.

 

 

 

En ese entonces, el hijo menor de Carlos Hank González —el profesor rural que acuñó y encarnó una frase elevada luego a lema del régimen priista: “Un político pobre es un pobre político”— estaba a punto de entrar a la política activa como candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI) a la alcaldía de Tijuana. Uno de sus colaboradores me había invitado a estar con él durante una semana en la ciudad fronteriza, “para que veas quién es en realidad Jorge Hank Rhon”.

 

Antes me reuní con un par de colegas reporteros, uno del diario Frontera y otro del semanario Zeta, para que me asesoraran. A los pocos minutos me di cuenta de que la leyenda negra que había sobre él en la Ciudad de México se ennegrecía aún más en Tijuana: el reportero de Frontera dijo que al dueño de los centros de apuesta Caliente le gustaba hacer mutaciones de animales salvajes. Que, por ejemplo, sabía de la mezcla que había mandado hacer de un león con una tigresa.

 

Eso era falso: el empresario no tenía uno, sino seis animales híbridos. No sólo leones con tigres, sino también tenía perros con lobos y panteras con jaguares. Todos ellos en un zoológico que había construido a un lado de su mansión ubicada en los linderos del hipódromo Agua Caliente, el negocio por el que Hank llegó a vivir a Tijuana en 1985, tras nacer y crecer en el Estado de México.

 

Un hombre de bata blanca y gesto sereno, el veterinario Alejandro Campos, encargado del zoológico particular, me explicó que el empresario tenía 57 especies de mamíferos, más de 115 tipos de aves y cerca de una quincena de reptiles. Jirafas, focas, hipopótamos, leones, panteras, jaguares, tigres y toros africanos fueron algunos de los animales que alcancé a ver.

 

“Nunca he sabido si yo quiero a los animales o ellos me quieren a mí. Pero hay una identificación especial”, me dijo Hank, con un brillo en la mirada que esta vez sí parecía sincera. Habló unos 10 minutos de la primera mascota que tuvo en Toluca, en la casa donde creció. Cuando su padre fue gobernador, esa casa fue comprada por el gobierno estatal y convertida desde entonces en la casa oficial de gobierno, desde donde despacha hoy en día Enrique Peña Nieto. Aquella primera mascota de Hank era una perrita pastor alemán que, pese a que enfermó de rabia, nunca contagió a nadie, me contaba Hank con orgullo.

 

“Me gustan los animales y tengo un zoológico particular. No lo abro al público porque siento que mi responsabilidad es con los animales que tengo en cautiverio, más que con la gente. Abrirlo implica estrés para el animal. A los únicos que sí dejo entrar es a los niños. Ahí si vale la pena”. Mientras me contaba íbamos caminando por las afueras de su hipódromo, donde los visitantes se topaban con unos enormes osos grizzlies dando la bienvenida desde sus jaulas de cemento y barrotes de hierro, en medio de los cajones de estacionamiento.

 

“Que soy excéntrico, dicen. Nunca he entendido bien la palabrita, pero eso sí: me gustan los perros. ¿Que tengo 400? Sí, es cierto; ¿que no me cuestan mucho porque produzco el alimento y además lo vendo? También es cierto; ¿que tengo 500 o 600 caballos? Sí, es cierto que los tengo”.

 

Del estacionamiento caminamos al palenque, donde se organizaban esporádicas peleas entre gallos de Tijuana y californianos, pero que por esas fechas sería usado como comité de campaña. Una de las paredes de la oficina principal estaba tapizada con las fotografías de sus 18 hijos y de su esposa María Elvia, pero Hank seguía entusiasmado con explicar su fascinación por los animales. “El otro día conocí a las edecanes de la agencia de modelos que van a estar conmigo durante toda la campaña. Les dije: ‘Me gustan las cosas, y cuando me gustan, me gustan mucho’. Lo que me cuesta tener 600 caballos es lo mismo que tener un yatesote, nada más que el yatesote lo tienen muchos ricotes y nadie les dice nada, pero tener 600 caballos suena de ‘¡Ay!’. Pero el costo real de tener los caballos es menor que lo otro”.

 

—¿Por qué tanto amor por los animales?—pregunté.

 

—Nació cuando yo estaba en el vientre de mi mamá. Yo jugaba con las lombrices—dijo. Y luego soltó una enorme carcajada.

 

 

II

 

“Gracias a Dios ya estoy frente a usted”, dijo Gustavo Gómez al abrir la puerta y entrar al salón. Hank lo miraba despreocupado. A su lado estaba Piscis, un corpulento perro raza León Berger, según la leyenda, capaz de matar a un tigre. El agradecido hombre tenía unos 60 años y era empleado del Departamento de Limpia del Ayuntamiento de Tijuana. Había ido a pedirle al empresario su apoyo para liberar de la cárcel a su hijo, donde seguía preso porque aún no había conseguido pagar una fianza de 48 mil pesos.

 

—Aquí traigo las escrituras de mi casa, ayúdeme a sacarlo, présteme el dinero —le dijo el viejo.

 

—No soy prestamista, nunca lo he sido —contestó Hank.

 

El trabajador de limpia se quedó callado, apenado. El empresario agarró una pluma y en un papel empezó a escribir. Era una orden para que su despacho de abogados se encargara de la defensa del hijo de Gustavo Gómez, quien salió de allí diciendo “gracias” una y otra vez, mientras Hank se agachaba un poco para acariciar a Piscis, que dormía como un manso pequinés junto a su amo.

 

La sala donde Hank recibía la visita de gente que quería pedirle ayuda tenía al centro una inmensa mesa de caoba adornada por el bronce de un caballo. Los retratos de otros siete caballos estaban colgados en el sitio. La peregrinación de peticiones duró todo el día. Los Titanes, un equipo de estudiantes animadores, le pidieron boletos de avión para ir a Puerto Vallarta a competir en un torneo internacional. Hank hizo cuentas y, tras un poco de suspenso, finalmente les dijo que se los daba. “Vengo a ponerme a su disposición, yo hago birrias”, le dijo otro visitante, Miguel González Ramírez, quien le ofrecía trabajar para él en la campaña a cambio de ocho mil pesos para abrir un puesto “a la brava” o “con permiso y todo” en las calles del primer cuadro de la ciudad. Llegó también una trabajadora del Instituto Nacional de Estadística y Geografía que le proponía asociarse para poner una granja de jitomates, y maestras de una escuela primaria que le rogaban su apoyo para ampliar salones escolares. Decían que les faltaban 40 mil dólares. Hank les dio cinco mil y les dijo que hasta ahí las ayudaría, nada más.

 

Por la tarde, un amigo de Hank, propietario de la discoteca popular Las Pulgas, llegó para saludarlo. Mientras seguían las audiencias, éste se me acercó y me dijo al oído: “Veo a Jorge con dos sonajas, como un bebé”. El vaivén de peticiones continuó hasta casi las nueve de la noche.

 

La última persona que Hank recibió fue a uno de los hijos de Antonio Vera Palestina, el hombre preso por el asesinato, en 1989, del periodista del semanario Zeta, Héctor Félix Miranda, quien solía criticar al empresario entonces recién llegado a Baja California. Vera trabajaba como su jefe de guardaespaldas. Al verlo Hank me dijo, señalando al joven: “Él es hijo de Vera, y es mi ahijado. Está trabajando aquí conmigo, y desde el otro día me dijo alguien: ‘Oye, te andan queriendo cazar para sacarte una foto porque dicen que tienes un hijo de Vera ahí trabajando contigo’. Yo le contesté que no, que no tengo uno, que tengo como cinco hijos de Vera trabajando conmigo. Vera es mi compadre y nunca he negado que sea mi compadre. Que lo hayan encontrado culpable, okey, pues bueno, soy respetuoso de la ley”.

 

III

 

Fragmento de carta de Jorge Hank Rhon a su padre, Carlos Hank González, en la cual le dice que no entrará a la política:

 

Papá:

Cuando me preguntaste como a los 18 años: ‘Oye ¿A ti qué te gustaría hacer?’ Te dije: ‘Yo tengo dos ejemplos en mi vida, uno eres tú y el otro es mi hermano Carlos. Uno es político y el otro empresario. Mi hermano Carlos toma vacaciones cuando quiere, va a trabajar cuando quiere —es muy chambeador pero finalmente puede organizar su horario. Sólo trabaja para mantener una familia muy padre y viaja cuando quiere.

Tú eres un cuate padrísimo, papá, me jacto y felicito por ser tu hijo, sin embargo, tú siempre dices que no viajas porque te preocupa que cuando regresas esté mejor que cuando te fuiste y se den cuenta de que no haces falta. Eso pasa porque no eres dueño de tu tiempo, no tienes vacaciones por lo mismo. A nosotros nos ves allá cada día: Un día a la semana cenamos juntos, los martes, y pues los domingos platicamos, pero hasta ahí’.

Entonces, pues a mí me encantan los chavos, me encantan las mujeres, me encanta la familia grande, pues la verdad me voy a sentir más a gusto como mi hermano y ya.

 

IV

 

La primera vez que Jorge Hank fue detenido y fichado fue en mayo de 1995, en el aeropuerto internacional de la Ciudad de México, tras un viaje a Japón. La razón, me lo aseguraría después con una risa sardónica, era su amor por los animales. El equipaje de 12 maletas con el que regresó a México estaba atiborrado de marfil y de pieles de animales en peligro de extinción.

 

Unos años antes, en 1991, de acuerdo con el San Diego Union Tribune, Hank Rhon fue sorprendido mientras circulaba en su coche en San Diego con una tigresa siberiana llamada Blanca. El pequeño animal de rayas color chocolate, ojos azules y nariz rosada, considerado en peligro de extinción, valía casi 50 mil dólares y le fue decomisado por el Departamento de Aduanas de Estados Unidos y enviado al zoológico de San Diego.

 

Quizá el amor de Hank por los animales es más que eso: en 1996 un equipo de periodistas de la revista ambiental Earth Island Journal dio a conocer los resultados de una investigación motivada por el affaire del aeropuerto en el Distrito Federal. De acuerdo con el reportaje, la empresa Promotora Beta era uno de los principales eslabones de una red internacional de traficantes de animales y aves exóticas que comprendía Asia, Europa y América. Los dos socios mayoritarios de esta compañía eran Jorge Hank Rhon y el joven David Ibarra, hijo del mismo nombre del actual secretario de Hacienda del “gobierno legítimo” de Andrés Manuel López Obrador. A ellos, el fallecido escritor americano John Ross los involucraría en la fundación del parque de diversiones Reino Aventura, así como en la adquisición ilegal de Keiko, la famosa orca que después llegó a Hollywood para protagonizar la película Liberen a Willy.

 

Por esos mismos años, El Financiero y The Washington Post dieron a conocer los primeros reportes de inteligencia estadunidense que involucraban a Hank en una red internacional que no sólo se dedicaba al tráfico de animales exóticos. El más reciente documento en esa cadena es el cable divulgado por WilkiLeaks, en el que funcionarios estadunidenses aseguran que el hipódromo de Tijuana es fachada para operaciones del crimen trasnacional.

 

En ese contexto, el anuncio de la incursión de Hank en la política en 2004 fue visto por algunos analistas de la Drug Enforcement Administration (DEA) como un intento por lavar e inmunizar su imagen, pese a la promesa que había hecho a su padre.

 

V

 

—¿Por qué entró a la política? —le pregunté una tarde, mientras íbamos a la populosa colonia Mesa de Otay, en su camioneta blindada escoltada por otros dos vehículos también blindados.

 

—Fíjate que ya lo tenía yo visto. Lo platiqué con mi padre hace como 10 años. Yo allá en el Estado de México era una persona muy retraída, muy de mi familia, de mis animales y de mis tres o cuatro amigos. Introvertido y muy reservado. Cuando me vine para acá a encargarme del hipódromo, me dije: “A ver, voy a manejar la empresa más importante del municipio, si no es que del estado. Eso, ¿que implica? Que voy a tener que llevar relaciones con el gobernador, con el presidente municipal, con los diputados, con los senadores y con Juan de las pitas. Además debo llevar buena relación con los gringos, con San Diego, con Los Ángeles y con todos. Pues ni hablar”. Y me dije: “Sí, sí tengo ganas de irme. Ahora sí me voy, y va a cambiar mi vida”. Y cambió. Cambió radicalmente, pero a nivel político lo que hice fue esperar un momento, y se lo platiqué a mi papá.

 

—¿Tijuana representó una especie de liberación para usted?

 

—A mí me gustaba ser como era. Me divertía, chance y hasta más, porque estaba con mi familia, con mis amigos, nada más con los que yo quería estar. Estaba con los animales, que siempre han sido mi vida, entonces me la pasaba agustísimo. Al venir yo para acá sabía que iba a haber un cambio, y así lo asimilé y así lo acepté.

 

VI

 

Jorge Hank ganó la alcaldía de Tijuana en 2004 por suficiente margen, aunque al final de la campaña el haber declarado que su animal favorito eran las mujeres le provocó una baja importante en las votaciones. “Ya ves: Eso te pasa por no tenerme confianza”, me dijo cuando salió a festejar el triunfo en la explanada del hipodrómo.

 

La administración de Hank se llenó de extravagancias, como la de llevar animales a las sesiones de cabildo. Pero peores transformaciones sufrió la policía municipal de Tijuana, que se convirtió en un asunto preocupante para los cuerpos policiales nacionales, al punto que un área de inteligencia de la Policía Federal Preventiva (PFP) abrió una investigación sobre la operación de un grupo parapoliciaco creado durante la administración de Hank al cual se le conoció en los bajos fondos como El Comando Negro. Entre los reportes recabados por los agentes federales está el señalamiento de que este grupo estaba compuesto en su gran mayoría por policías llevados desde el Estado de México, mientras que se reclutaba a otros agentes locales durante la madrugada, de una peculiar forma: uno de los mandos llevaba a los candidatos a una zona conocida como El Bordo. Ya estando allí, agarraba a un puñado de indigentes y les pedía a los policías que mataran a sangre fría a cualquiera de ellos. El que lo hacía de inmediato conseguía entrar al grupo; el que no, era designado para cuidar los camellones de la ciudad. Uno de los integrantes de este comando era Rafael López, cuyo apodo —El Psicópata— no generaba la menor duda de que podía hacer su trabajo a cabalidad.

 

Otro expediente que se abrió contra Hank giró en torno al sistema de cámaras de vigilancia que implementó durante su gobierno. Más de 400 cámaras de video fueron instaladas mediante un contrato de concesión a 20 años, encriptado legalmente. En el último año de la gestión de Hank, la PFP y el Ejército irrumpieron en las comandancias y desarmaron a los policías locales. El entonces alcalde y sus comandantes se burlaron del operativo al posar para los fotógrafos con resorteras; pero, además de eso, en los siguientes días, a través del sistema de monitoreo de la ciudad, los agentes locales se dedicaron a vigilar cada uno de los movimientos de las fuerzas federales. Y cada vez que estos cometían alguna infracción vial u algún otro acto irregular, funcionarios de Hank filtraban el video a las televisoras estatales para ridiculizarlos: en una ocasión, grabaron a dos policías federales preventivos extorsionando a un automovilista. Al día siguiente, la imagen era mostrada en los televisores de la ciudad, entre quejas y denuncias.

 

No obstante, el problema mayor para las autoridades federales no fue ése. El sistema de monitoreo servía realmente para dar información permanente y estratégica de rutas y sitios a las bandas y capos del crimen organizado que operaban en Tijuana, la puerta de entrada para California, el mayor mercado de drogas ilegales del mundo.

 

VII

 

Como alcalde, no todo fue malo para Hank. Su gobierno recibió espaldarazos inesperados. En los albores de 2007, el titular del periódico Granma decía: “EJEMPLO QUE HABLA DE LA HERMANDAD ENTRE CUBA Y MÉXICO”. A continuación, el reportero cubano de la Agencia de Información Nacional reseñaba que “los Gobiernos de Ciudad de La Habana y del municipio mexicano de Tijuana firmaron este lunes (22 de enero de 2007) un acta de hermanamiento, en ceremonia que presenció Ricardo Alarcón, presidente del Parlamento cubano”.

 

Más adelante, la nota indica: “Jorge Hank Rhon fue declarado Huésped Ilustre de La Habana, atendiendo a los gestos de amistad y solidaridad, así como a su preocupación por los problemas sociales de la población de Tijuana”.

 

El reporte concluía diciendo que “el alcalde viajó al frente de una comitiva al hermanamiento con Ciudad de La Habana, un anhelo suyo desde el año Dos Mil Cuatro, y reiteró su amor y respeto por la Patria de José Martí”.

 

Durante la visita de Hank Rhon a La Habana estuvieron presentes varios funcionarios del gobierno cubano, como Ricardo Alarcón de Quesada, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, así como Juan Cortino Aslán, presidente de la Asamblea Principal Provincial del Poder Popular de la Ciudad de La Habana. Ese mismo día Hank Rhon fue recibido por el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Felipe Pérez Roque, y el viceministro Alejandro González, “lo cual en el protocolo cubano constituye una alta deferencia”, puntualizaba la nota oficial.

 

VIII

 

Después de perder en 2007 las elecciones por la gubernatura del estado, Jorge Hank Rhon reapareció el 28 de enero de 2009 con una gran fiesta para celebrar su cumpleaños número 52. Ese día se bebieron 800 cartones de cerveza, decenas de botellas de whisky y hubo un banquete para mil personas o más. A diferencia de años anteriores, esa vez no acudieron ni Juan Gabriel ni Luis Miguel ni los Niños Cantores de Viena a amenizar la velada; esta vez fueron Enrique Guzmán y su hija Alejandra.

 

La Tijuana de esa fiesta no era la Tijuana en guerra contra el narcotráfico. Mucho menos la de las decenas de indigentes que se inyectan heroína o consumen crystal a plena luz del día en El Bordo sin que a nadie le importe. Esa era una Tijuana de fiesta, la Tijuana de los abrigos de piel de oso, donde se comieron manjares y se bebió tequila fermentado con pene de tigres, leones y perros: la Tijuana Hank.

 

A esas alturas, a Hank ya no le caían bien los reporteros. O ya no hacía ningún esfuerzo por tolerarlos, incluyéndome a mí. El reportero Juan Carlos González fue el único periodista que tuvo acceso a esa fiesta. De acuerdo con su nota, el menú fue:

 

—Timbal Torre de Marfil.

—Hojaldre de huitlacoche.

—Filete de res relleno de queso de cabra.

—Variedad de postres y pasteles.

—Bebidas variadas y una bebida especial, la favorita del cumpleañero: tequila fermentado con pene de tigres, leones y perros.

 

En la fotografía que le hizo Armando Santibáñez minutos antes de que entrara a aquella fiesta de cumpleaños, Hank sonríe con una barba larga y tupida, como le gustaba usar antes de su paso aparatoso, pero efímero, por la política local.

 

La fiesta marcaba el regreso de Hank Rhon a Tijuana. Después de perder las elecciones a la gubernatura frente a José Guadalupe Osuna, el político derrotado se había ido una temporada a Marruecos. Esa noche, cuando el empresario de casinos regresó de su exilio en África, pidió el micrófono para decir solamente una cosa: “De aquí de Tijuana no me van a mover nunca”.

 

Y todos brindaron con él.

 

Perffil publicado en la revista M Semanal el 12 de junio de 2011.

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