NUESTRA APARENTE RENDICION

El Silencio de Sicilia. Discurso de los estudiantes de Guadalajara a Javier Sicilia.

Federación de Estudiantes Universitarios12 de julio 2011, Paraninfo de la Universidad de Guadalajara

Epígrafe:
Toda ausencia es atroz
y, sin embargo, habita como un hueco que viene de los muertos,
de las blancas raíces del pasado.
¿Hacia dónde volverse?;
¿hacia Dios, el ausente del mundo de los hombres?;
¿hacia ellos, que lo han interpretado hasta vaciarlo?
¿Hacia dónde volverse que no revele el hueco,
el vacío insondable de la ausencia?
Hacia ellos, los muertos, que guardan la memoria
y saben que no estamos contentos en un mundo interpretado.
Fragmento del Poema, El sobreviviente, de Javier Sicilia

 

Volvernos hacia aquellos muertos que no deberían estarlo. Hacia ellos que quedaron atrapados entre políticos y criminales, bandos unidos por intereses mezquinos, por dinero, por poder; bandos que nos impusieron una guerra para distraernos del tiro de gracia que le dieron a la democracia.  Una guerra en la que no somos parte de ningún bando, somos víctimas, números, estadísticas, simples daños colaterales.

 

La guerra a la que nos llevaron no es la nuestra, nosotros no queremos balas ni sangre, no queremos muerte. La guerra contra el crimen organizado no es una guerra contra el narco, nuestra guerra es otra, es contra la corrupción, las complicidades y las omisiones de políticos y gobiernos que, cuando nos dan hambre, ignorancia, pobreza y violencia, también son criminales. Se debe decir así, claro, porque Javier Sicilia, con cada paso, con cada camino andado, con sus palabras, con sus versos, con sus ojos tristes y su mirada imponente, con la sacudida que le ha dado a nuestros corazones, también nos ha enseñado que hay que volverse hacia los que siguen vivos, para honrar a nuestros muertos, porque como escribió San Agustín “la vida que se perdió en los que mueren, es muerte para los que siguen viviendo”.
El corazón de Sicilia es más grande que su dolor, más grande que el odio, el hambre y la desigualdad que nos mata en las calles, que nos arranca la vida; su corazón es tan poderoso como las balas que nos parten el alma, que nos rompen el espíritu, que nos aniquilan la esperanza, su corazón es para muchos la energía que faltaba, la fuerza que canaliza la desesperación de un país que se cae a pedazos.
Sus motivos son nuestros motivos, aunque no sean los mismos, aunque no sean iguales, su motivo es el que lo tiene aquí, el que nos tiene aquí, el que me tiene aquí, el motivo es un país sin guerra, un país en paz. Un país donde la vida no se apague de la nada, donde la protección de la vida sea el principio y el fin del Estado, donde la vida sea la raíz de todo, el principio de todo, el corazón de todo, en la vida late lo que somos, en ella habita la sonrisa de un niño, el abrazo del hermano, el beso del padre; en la vida habitan las palabras del poeta, el trazo del pintor y la música del universo, en la vida nace y crece el esplendor de la humanidad.
Sus motivos son nuestros motivos, porque se trata de sentir y pensar, al mismo tiempo y con la misma intensidad; de estar unidos en torno a objetivos sublimes (no hay nada más sublime que la vida misma) y poner un alto a cuestionamientos absurdos: jamás un abrazo ni la ofrenda de símbolos de fe, a quien se considera el enemigo, significarán ni una capitulación ni una derrota. El camino para salir de este infierno es el diálogo que nos lleve a la paz, a la dignidad, a la justicia y al amor, no al odio; ya Spinoza dijo que “El odio aumenta al ser correspondido”. En los sabios no hay cabida para el odio, en los poetas tampoco.
El motivo de Javier Sicilia es el respeto a la vida y la lucha es contra la guerra, contra el sin sentido de la muerte, la lucha es contra el silencio, contra la indiferencia, contra el letargo. La lucha de Sicilia es nuestra lucha, la lucha es contra la corrupción que lo mata todo, contra la impunidad que lo mata todo, contra la violencia que lo mata todo, contra la inconsciencia que también lo mata todo; la lucha es contra las balas, contra las armas, contra la sangre, contra aquellos que callan, contra aquellos que ignoran o quien ignora que en un país así el dolor y la muerte nos va a alcanzar a todos.
La lucha es por los que aún viven, por los que aún estamos vivos, esta lucha hay que darla sin miedo en un país donde ya no hay honor, dignidad ni vergüenza. Ni políticos ni criminales tienen corazón. Por eso, todos nosotros tenemos que desaprender…

D e s  i n s t i t u c i o n a l i z a r n o s,

…dejar atrás la deshumanización que los poderosos han impregnado en todo: en los gobiernos, en los partidos, en la televisión, en la radio, en las escuelas. Tenemos que rechazar lo instituido, desaprender como Iván Ilich para construir un país con corazón.
El objetivo es no acostumbrarnos a perder un hijo, un hermano, un amigo, un conocido, o un desconocido. Queremos amor, paz, dignidad, justicia, y a los gobiernos que no han sido capaces de dárnoslas les repetimos, con el corazón en la mano, las palabras que Sicilia tomó de Martí: “si no pueden, renuncien”.
“Es bueno todo lo que acaba bien” decía Spinoza, señor Sicilia de corazón le digo que los mexicanos deseamos que su lucha acabe bien, porque su lucha es la de millones, porque su lucha está llena de esperanza y la esperanza como sabemos habita en el corazón, en su corazón, en nuestro corazón.
Muchas Gracias.

Información adicional

  • Publicado originalmente en:: Marco Nuñez
  • Biografía: Presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios.

NUESTRA APARENTE RENDICION | 2010

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