¿A qué le tenía miedo Candelario Pérez Pérez?
En una esquina de Ciudad Juárez, hay un negocio de menonitas que venden quesos.
Parece un búnker: timbre con cámara, rejas, vidrios blindados.
Como la sala de un banco.
Cuando uno quiere pagar, pone la plata en una canastita de metal y empuja. El vendedor agarra la plata. Ningún contacto físico.
Un queso puede costar ocho dólares.
El dueño del negocio tiene varias marcas en los brazos.
Proteger los quesos no es lo que más le interesa.
Lo ametrallaron dos veces: una para sacarle la ganancia del día, cuatrocientos dólares, otra porque se negó a pagar extorsión a los narcos.
Le dijeron que no habría segunda vez: por semana, empezó a pasarles cincuenta dólares.
A la policía también le paga.
El hombre que vende quesos tiene miedo de los ladrones, de los narcos y de la policía.
No sabemos a qué le tenía miedo Candelario Pérez Pérez.
En el gremio, los periodistas, no lo conocían demasiado.
Candelario tenía 32 años, seis hermanos, una esposa, un hijo y una hija: trabajaba como reportero y ayudaba a diagramar Suceso, una revista policial con fecha de publicación irregular, que su papá Candelario Pérez Rodríguez editaba desde hacía treinta años.
De vez en cuando, Candelario hijo compraba un auto y lo vendía.
Dijo su papá que el 23 de junio de 2008 Candelario discutió en un bar.
Dijo que Candelario salió del bar y subió a su camioneta, una Chevrolet gris tipo pick up, placa de Texas.
Dijeron los testigos que un coche seguía a la camioneta gris. Que cuando iba por la calle Libertad, a la altura de Juan de Oñate, frente al parque de la colonia Chaveta, un auto blanco se le puso detrás, un Jeep Cherokee delante. Que desde el Jeep, unos tipos le dispararon con metralletas AK-47.
Dijeron los investigadores que en el lugar encontraron quince casquillos de bala calibre 9 mm.
Dijeron los testigos que el auto de Pérez Pérez chocó contra un poste de la Comisión Federal de Electricidad.
Dijeron los paramédicos que el fallecimiento se produjo a las 19.40h. Le habían pegado doce balazos. Cuando ellos llegaron ya estaba muerto.
Días después, el padre dijo sentirse muy enfermo del corazón.
Dijo que la muerte, quizás, haya sido consecuencia de la pelea en el bar.
Cómo saberlo.
Dijeron en la organización de Derechos Humanos English PEN, que a cuatro años del hecho no hay culpables. Noticias de la investigación, tampoco.
